boca de pozo
¿Quién para a Patricia Bullrich?
En Casa Rosada no saben dónde meter a la Jefa del Bloque del Senado.
El Ministerio de Economía ingresó en la madrugada del miércoles pasado el Presupuesto 2027 a la Cámara de Diputados. Esa misma mañana, los legisladores libertarios descubrieron que el proyecto reemplazaba el enfoque basado en discapacidad por el concepto de «invalidez laboral», eliminaba el Certificado Único de Discapacidad como vía directa de acceso y fijaba la Pensión No Contributiva en el 70% de la jubilación mínima. Nadie los había avisado.
Patricia Bullrich no tardó en salir a decirlo en voz alta. Y ahí arrancó, otra vez, una Patricia Bullrich que el gobierno no sabe cómo contener.
Quién es el jefe
La jefa del bloque de LLA en el Senado desmintió al jefe de Gabinete, Diego Santilli, respecto a si los cambios en discapacidad habían sido tratados en la Mesa Política del Gobierno. «Eso es mentira. Cuando se habló del Presupuesto yo estaba», afirmó.
Santilli había señalado que Bullrich se retiró antes de que finalizara la reunión. Intentó bajar el tono, sostuvo que los temas del Presupuesto se analizan en la mesa de los martes y que el Gobierno trabaja el capítulo de Discapacidad junto con Martín Menem y el Ministerio de Salud.
Una mentira para cubrir la disputa con un manto de piedad. Pero a Patricia no le interesa ocultar el conflicto.
Bullrich no aceptó la versión. En declaraciones a LN+, sostuvo que tanto ella como Menem no estaban al tanto de los cambios propuestos y criticó que el proyecto haya sido ingresado sin discusión adecuada entre los legisladores. Después aclaró que no quiere pelea: «Eso de que después lo hablaron no es así. Lo voy a discutir con Santilli porque no vale decir una cosa que no es. Nosotros tenemos que ser sinceros con nosotros mismos.»
La senadora advirtió que los cambios «parecen una provocación» y que insistir con ellos es «ir a chocar directo contra la pared». Señaló que el oficialismo ya había intentado modificaciones similares en 2024 y 2025, y el Congreso las rechazó en ambas oportunidades. La pregunta que dejó flotando fue: «¿Por qué los mandan de nuevo?»
Lo que parece una pelea por Discapacidad es, en realidad, una manera de dar a conocer un posicionamiento político.
Según fuentes del oficialismo consultadas consultadas por el colega Juan Pablo Kavanagh, hay tres factores que explican su movimiento. El primero son las encuestas: su imagen positiva es similar a la de Milei y los sondeos que recibe semana a semana muestran cómo crece entre el votante libertario crítico. El segundo es una convicción personal: la senadora cree que en algún momento Karina Milei la va a dejar de lado. El tercero es la consecuencia lógica de esa lectura: si eso pasa sin que haya acumulado poder propio, no va a tener ninguna moneda de cambio.
Hace dos meses en el entorno de Bullrich deslizaban que Patricia terminaría en la vicepresidencia, pero al día de hoy ese lugar parece poca cosa para las ambiciones de la exministra de Seguridad de Macri y Milei.
El dilema de la Vicepresidencia
El sector político del oficialismo que quiere clausurar el conflicto rápido plantea una solución: que Milei le ofrezca a Bullrich un cargo de peso que la comprometa con el proyecto libertario sin margen de maniobra. El nombre que circula es la Vicepresidencia.
El problema es que esa salida tiene un obstáculo: exige omitir el costo que tiene designar a una compañera de fórmula que piensa por si misma cuando lo que se busca es concentrar las decisiones en un ámbito familiar.
La Casa Rosada pretende evitar que el próximo vice construya una agenda autónoma desde el Senado y remarca la necesidad de alineamiento dentro de la cúpula. «Después de lo que pasamos con Villarruel, no vamos a permitir que el vice no responda a Casa Rosada», razonan.
Sin plan B
El resultado de esa ecuación es un oficialismo paralizado. El Gobierno no tiene, por el momento, un plan B para contener la estrategia de autonomía creciente de Bullrich dentro del espacio libertario.
El diputado libertario Santiago Santurio reconoció que no considera conveniente que las diferencias se hagan públicas, aunque descartó que el enfrentamiento revista gravedad. «A veces sí, no es lo mejor salir y decirlo en los medios; la verdad no es la forma que más me gusta, pero no es nada grave», sostuvo el domingo en Radio Splendid.
Bullrich, mientras tanto, acumula. Busca copar con gente propia los bloques del Congreso, construye vínculos con aliados parlamentarios y defiende para sí la mayor incidencia posible en las decisiones del Ejecutivo. La exministra se encamina a una gira federal y no ve la jefatura de Gobierno como un desafío a esta altura de su carrera.
La Casa Rosada anota cada movimiento pero el Presidente parece tragarse todas las palabras que no se ahorra contra los discapacitados, el periodismo, la oposición y los jueces que no sentencian a su criterio.





