Política
La Iglesia reavivó las críticas al ajuste y expuso las grietas del oficialismo
Los arzobispos de Buenos Aires y La Plata cuestionaron el impacto social de las medidas económicas.
La Iglesia Católica volvió a marcar una fuerte postura crítica frente a la gestión de Javier Milei durante las tradicionales homilías del Tedeum. El arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, y su par de La Plata, Gustavo Carrara, coincidieron en lanzar duros diagnósticos sobre las consecuencias del severo plan de ajuste económico implementado desde finales de 2023. Ante la mirada del propio Presidente y de la primera plana del Gobierno nacional, las máximas autoridades eclesiásticas instaron a los dirigentes a asumir la responsabilidad de frenar la profundización del malestar social y a dejar de lado los discursos divisivos.
Tomando como metáfora el pasaje bíblico del paralítico de Cafarnaún, García Cuerva describió una realidad nacional donde miles de ciudadanos se encuentran «paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades y en su dignidad». El prelado enfatizó que «nadie es descartable» dentro del cuerpo social y enumeró detalladamente a los sectores más vulnerables y desprotegidos por el actual rumbo político, entre los que destacó a los jubilados de la mínima, los niños, las personas con discapacidad y el creciente porcentaje de trabajadores precarizados e informales que sufren las consecuencias del escenario recesivo.

«Basta de arengar la división y polarización, nadie se salva solo»
En el Tedeum 2026, el arzobispo Jorge García Cuerva dijo que «la creatividad y la audacia pueden más», llamó a «acordar y consensuar» y pidió que «la Nación vele por todos sus hijos». pic.twitter.com/ZdyRcx23JP
— Corta (@somoscorta) May 25, 2026
La contundencia de las declaraciones de la Iglesia caló hondo en el escenario político e impactó de lleno en las internas que sacuden al «círculo de hierro» del Gobierno. Figuras de la oposición tradicional e incluso exmiembros del oficialismo parlamentario, como el diputado Oscar Zago, coincidieron en que el mensaje eclesiástico reflejó una preocupación generalizada no solo por la crisis económica, sino por los conflictos internos del propio Ejecutivo. Según los análisis surgidos tras la ceremonia, la Iglesia apuntó de forma directa contra las prácticas gubernamentales que, lejos de tender puentes con la oposición o los sectores empresariales, exacerban las disputas internas y profundizan las grietas existentes.
Como contrapartida, las repercusiones dentro del oficialismo oscilaron entre el silencio estratégico y el malestar manifiesto de sus alas más dogmáticas. El diputado libertario Alberto «Bertie» Benegas Lynch fue una de las pocas voces oficialistas en confrontar públicamente la homilía de García Cuerva a través de las redes sociales, calificando las palabras del arzobispo como «lamentables» e «injustas» en relación con lo que el Gobierno considera los logros macroeconómicos de su administración. Esta reacción evidenció las dificultades del Poder Ejecutivo para asimilar las críticas institucionales, a pesar de los intentos previos del Ministerio de Capital Humano por establecer un canal de diálogo con la Conferencia Episcopal.
Por último, el llamamiento de los arzobispos a «poner a la Argentina de pie» sirvió como catalizador para la reactivación de la protesta social por parte de organizaciones civiles y sindicales. La denominada Mesa Ecuménica —un espacio interreligioso integrado por sectores católicos, cristianos, centrales obreras y organismos de derechos humanos— celebró el contenido de los discursos e inició la planificación de nuevas medidas de fuerza. Inspirados por el diagnóstico de las homilías, los dirigentes sociales confirmaron la realización de una movilización hacia la Plaza de Mayo con la posterior instalación de una «carpa de ayunantes», en lo que definieron como el inicio de una «rebelión de las conciencias» frente al modelo actual.



