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Cultura

Lucrecia Martel: «Conozco gente que votó a Milei por los que me tiraría al mar de Weddell a sacarlos del agua»

En la antesala del estreno de su documental Nuestra tierra, la prestigiosa directora salteña afirmó que «la curiosidad por el otro nos salva».

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Lucrecia Martel

Lucrecia Martel no solo hace cine; construye dispositivos de pensamiento. En su reciente paso por el ciclo Gelatina, la directora de Zama y La Ciénaga dejó de lado el hermetismo para ofrecer una radiografía cruda sobre el estado de la Nación, la responsabilidad del arte y el conflicto por la tierra que aborda en su nuevo film, Nuestra tierra, centrado en el asesinato del dirigente diaguita Javier Chocobar.

«Conozco gente que votó a Milei por los que me tiraría al mar de Weddell a sacarlos del agua», sorprendió la cineasta. En la antesala del estreno de su último documental, la directora salteña afirmó que «la curiosidad por el otro nos salva» y destacó que «no hay mejor organizador de la moral que la curiosidad».

El cine como conversación

Para Martel, una película no es un objeto de museo, sino una herramienta política. «Una película es un gran esfuerzo para dar inicio a una conversación que no sabés cuándo termina», asegura y define su oficio como una «vital necesidad de conversar y tratar de comprender a los que piensan distinto».

Sin embargo, es crítica con el rol que ha ocupado la industria cinematográfica en los últimos años. Ante la crisis del sector, Martel dispara una frase que incomoda: «La cultura falló más que la economía en este país». Para la directora, el arte ha caído en una «estupidez» individualista, olvidando que «si vivís en una comunidad, lo que hacés tiene que servir para la existencia de los otros».

«Cuando se salió a la calle salieron los empleados del INCAA y nosotros los del cine, pero no salió la población entera como salió por las universidades. Porque no estamos dando un buen servicio. Está esta estupidez del arte como si fuera individual y sin utilidad. Vivís en una comunidad, lo que hacés tiene que servir para la existencia de los otros. Tiene que tener una resonancia», dijo la cineasta.

El «cuento» de la Nación y el racismo

Uno de los puntos más fuertes de su intervención fue la disección del mito fundacional argentino. Martel sostiene que la idea de que «venimos de los barcos» es un relato excluyente: «Toda nación se inventa en un mito, un cuento… El cuento que nos inventamos nosotros dejó a mucha gente afuera y ahora tenemos que ver qué hacemos con el cuento».

Esta exclusión se traduce en lo que ella denomina un «inventazo» moral: el racismo. «El racismo es un inventazo porque si vos necesitás quitarle a una persona el tiempo y el espacio, tenés que degradar esa persona al punto que te dé excusas morales para ese despojo», explica al vincular la propiedad de la tierra con la descalificación histórica de los pueblos originarios.

La trampa de la tecnología

Martel también se refirió al impacto de la Inteligencia Artificial y los algoritmos, a los que define como «los nuevos editores de nuestra vida». Al probar herramientas de IA, la cineasta confiesa haber sentido una «extrema soledad» frente a un sistema que carece de deseos o valores.

«La tecnología fue una manifestación material de la concentración de capital en empresas gigantescas que funcionan como Estados planetarios», advirtió. Además, señaló que el tráfico de datos desde el nacimiento es un problema de derechos humanos que los gobiernos ignoran.

El futuro y la alegría

A pesar del diagnóstico sombrío sobre la «sustitución» constante de noticias que impide profundizar en el dolor ajeno, Martel rescata la curiosidad como motor ético: «No hay mejor organizador de la moral que la curiosidad, porque la curiosidad por el otro nos salva».

A las nuevas generaciones, les deja un mensaje de resistencia vital: «El presente necesita de alegría para tener ideas, para tener fuerzas, para aguantar cosas». Y concluye, con la mirada puesta en el juicio de la posteridad: «Prefiero que me juzgue la historia pero no dejar de opinar sobre mi tiempo».

Nuestra tierra tiene previsto su estreno en salas argentinas para marzo de 2026.

 

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