boca de pozo
Alertan que el acuerdo con EEUU expone a la Argentina a conflictos en la OMC
Según un centro de estudios de política exterior, el acuerdo podría acarrear reclamos en la Organización Mundial de Comercio.
El acuerdo de comercio e inversión firmado entre la Argentina y los Estados Unidos no es, según un duro artículo del Centro de Estudios de Política Exterior Juan Atilio Bramuglia, una simple profundización de vínculos bilaterales.
Para sus autores —el diputado Eduardo Valdés, junto a Dolores Gandulfo y Matías Capeluto— el entendimiento implica una reconfiguración profunda de la inserción internacional del país y un mensaje directo al Mercosur: la Argentina se reserva el derecho de negociar por fuera del bloque.
Lejos de una discusión ideológica, el planteo es institucional. Recuerdan que el Mercosur se construyó sobre la coordinación de políticas comerciales y una tarifa externa común, precisamente para evitar negociaciones bilaterales fragmentadas frente a grandes potencias.
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El riesgo de vaciar la arquitectura del Mercosur
El artículo sostiene que un país miembro de una unión aduanera no puede otorgar preferencias arancelarias profundas de manera unilateral sin afectar al conjunto.
Si la Argentina reduce aranceles o concede cupos preferenciales a productos estadounidenses, altera la coherencia del bloque y rompe el equilibrio interno construido durante décadas. Para los autores, entre los que se encuentra el diputado peronista Eduardo Valdés, invocar excepciones técnicas no alcanza para justificar concesiones de esta magnitud.
En términos prácticos, el acuerdo no diversifica vínculos: erosiona la lógica misma del Mercosur como plataforma de negociación colectiva.
Una trampa jurídica en el comercio global
El Gobierno intentó defender el entendimiento señalando que no se trata de un tratado de libre comercio. Pero, según el análisis, esa estrategia abre otro frente de conflicto.
Las normas del sistema multilateral —centradas en el principio de “Nación Más Favorecida”— establecen que cualquier ventaja comercial otorgada a un país debe extenderse al resto de los socios, salvo en el caso de tratados de libre comercio formales o uniones aduaneras.
El problema es doble:
- Si se reconoce como TLC, entra en tensión directa con los compromisos del Mercosur
- Si no es TLC, expone a la Argentina a cuestionamientos por discriminación comercial
En ambos escenarios, el costo institucional y diplomático es elevado, afirman.
Mucho más que aranceles: un corset regulatorio
Valdés, Gandulfo y Capeluto subrayan que el acuerdo va mucho más allá de tarifas.
Incluye compromisos en:
- Propiedad intelectual
- Regulación económica
- Empresas estatales y subsidios
- Normas laborales y ambientales
Estas disciplinas trasladan al plano internacional decisiones que deberían debatirse en el ámbito democrático interno, limitando la capacidad futura del Estado para diseñar política industrial, científica y productiva.
Beneficios anunciados, cesiones firmadas
Uno de los puntos más críticos del análisis apunta al supuesto acceso preferencial de carne argentina al mercado estadounidense.
Según remarcan, esa “cuota” no aparece como obligación concreta ni derecho exigible dentro del texto del acuerdo. No hay cronogramas ni garantías verificables.
Mientras la Argentina firma compromisos regulatorios profundos, Estados Unidos no deja por escrito la contraprestación que el Gobierno utiliza como principal argumento político para justificar el acuerdo.
En síntesis: los beneficios se anuncian, pero las concesiones sí se consolidan jurídicamente.
Una señal geopolítica de alineamiento
El documento también interpreta el acuerdo como parte de una estrategia más amplia de alineamiento con Washington, orientada a limitar la presencia de China en sectores estratégicos de la región.
Para los autores, no se trata solo de comercio, sino de una redefinición de la política exterior argentina bajo parámetros de seguridad y control tecnológico impulsados por Estados Unidos.
Inserción internacional o vulnerabilidad estructural
El cierre del artículo es contundente: la Argentina necesita diversificar relaciones, pero no sobre la base de fragmentar el Mercosur, improvisar jurídicamente y erosionar su autonomía institucional.
Romper la lógica del bloque regional no es modernizarlo, advierten, sino dejar al país negociando solo frente a potencias que operan desde posiciones profundamente asimétricas.
En lugar de soberanía, el camino elegido por el Gobierno podría derivar en mayor vulnerabilidad económica, regulatoria y geopolítica, con consecuencias de largo plazo para el desarrollo nacional, sostienen desde el Centro de Estudios de Política Exterior Juan Atilio Bramuglia.




