Neuquén
Bajó el delito en Neuquén: ¿Realidad o estrategia de márketing?
Para el Gobierno la reducción fue del 18% en 2024. Algunas denuncias ni son estadísticas.
Las cifras no mienten, dicen algunos. Según el gobierno de Rolando Figueroa, Neuquén experimentó una reducción histórica del 18% en el índice de delitos durante el primer año de su gestión. Pero las cifras, cuando no tienen un contexto claro, pueden ser un espejismo. Porque, en el fondo, ¿qué significa esa baja en un territorio donde las denuncias se diluyen entre la burocracia y la desconfianza en el sistema?
En Neuquén, el laberinto empieza en las comisarías. Muchas exposiciones policiales no llegan a convertirse en estadísticas oficiales. Son papeles que terminan en el cajón o directamente en el tacho de basura. Si el delito no se denuncia, no existe. Así de simple. Entonces, ¿la reducción del 18% es un logro tangible o el reflejo de un subregistro alarmante?

En la cruzada de Figueroa, el narcotráfico ocupa un lugar central. Pero aquí surge la gran pregunta: ¿puede Neuquén ganar una guerra que ni siquiera las potencias mundiales han logrado vencer?
Cruzada contra el narcomendo: ¿Una batalla perdida de antemano?
El crecimiento del narcomenudeo, la naturalización de la palabra “narco” y el retorno de fenómenos como los “trapitos” en las calles son señales de que el delito sigue mutando, aunque las cifras quieran hacernos creer lo contrario.

Matías Nicolini y Patricia Bullrich. ministros de Seguridad de provincia y Nación.
La sensación de inseguridad no se mide en estadísticas. Se mide en las persianas bajas de los comercios, en los vecinos que se organizan en alarmas comunitarias, en la madre que mira dos veces antes de dejar salir a su hijo al barrio. Estas sensaciones son intransferibles, pero tienen un peso que las cifras oficiales nunca podrán ocultar.
Para el ministro de Seguridad, Matías Nicolini, el cambio está en marcha. Se han renovado patrulleros, se han incorporado drones y las redes sociales están llenas de imágenes de operativos relucientes. Pero este cambio de fachada no necesariamente se traduce en mayor seguridad.
Más allá de los golpes mediáticos al delito, la inseguridad cotidiana sigue ahí, latente, esperando en cada esquina.
Porque, aunque los lotes de vehículos y los uniformes nuevos sean un alivio visual, la realidad no cambia con una mano de pintura. La seguridad no se construye solo con herramientas, sino con confianza en las instituciones, y eso es algo que la policía neuquina aún debe recuperar.
Entonces, ¿qué queda de ese 18% menos de delitos? Queda la duda. Una duda que interpela al gobierno, a la policía y a la sociedad en su conjunto. ¿Se está enfrentando realmente el problema o solo se están maquillando las estadísticas?
Rolando Figueroa asumió con promesas ambiciosas, y nadie puede negar que ha intentado dar golpes certeros. Pero el delito en Neuquén no es una guerra que se gane en un año. Es un terreno pantanoso, donde las cifras son solo una cara de la moneda, y la realidad, la otra.
Porque al final, las cifras pueden no mentir, pero tampoco siempre dicen toda la verdad.



