Política
Raíces, fe y política: el recorrido de Sergio Marino en Neuquén
En “Gente de Bien”, el concejal neuquino y pastor Sergio Marino repasa su camino de pintor de obra a referente político y espiritual, marcado por accidentes, una internación en coma, cadenas de oración y una fe que hoy atraviesa su gestión y su trabajo con las personas más vulnerables de la ciudad.
En el programa “Gente de Bien”, emitido por Vilus, el concejal neuquino por Juntos por la Vida, Sergio Marino, repasó una vida atravesada por el trabajo, la familia, la fe y una serie de experiencias límite que lo llevaron de ser pintor de obra a pastor y representante político, con una mirada profundamente espiritual sobre la gestión pública.

El diálogo arrancó en tono distendido, con la presentación de Marino y el recuerdo de su primer trabajo: el oficio de pintor que heredó de su padre, en una familia trabajadora donde su mamá era enfermera y sus hermanos mayores también se dedicaban a la pintura. Nacido en San Rafael, Mendoza, contó que hace más de cuarenta años eligió Neuquén como su lugar en el mundo y que allí formó una familia numerosa: cinco hijos y diez nietos neuquinos, fruto de un matrimonio que empezó muy joven, cuando él tenía 17 años y su esposa 16, y que al poco tiempo ya estaba criando a su primer hijo en la capital provincial.
Marino recordó que creció en un hogar católico y que su madre soñaba con verlo convertido en sacerdote, un proyecto que no prosperó pero que dejó raíces espirituales profundas. Con naturalidad explicó que nunca sintió que se “alejara” de esa fe, sino que la vida y la calle lo fueron acercando a otra faceta de lo divino, hasta convertirse en pastor de una iglesia evangélica. En ese camino, aseguró, hay material suficiente para el libro que sueña escribir junto a su esposa, empezando por las infancias de ambos, el encuentro entre los dos y la construcción de una “gran familia” donde la fe terminó ocupando un lugar central.
La entrevista se volvió más intensa cuando Marino relató tres momentos extremos que marcaron su biografía: una caída desde un tercer piso mientras trabajaba como pintor en un edificio, siete puñaladas en la puerta de su casa en el barrio San Lorenzo Norte en tiempos en que el lugar era “picante”, y la internación durante la pandemia que lo dejó dos meses en clínica, con un mes en terapia entubado, traqueotomía y 30 días de coma. Contó que ese proceso fue descrito por los médicos como prácticamente irreversible y que, sin embargo, despertó el 26 de agosto, el día de su cumpleaños, teniendo que aprender de nuevo a hablar y caminar, y convencido de que había vivido algo más que un simple sueño.
Con enorme nivel de detalle, Marino narró la experiencia que atravesó mientras estaba en coma: una especie de “película” en la que viajaba a Bariloche para participar de un congreso con referentes religiosos de todo el mundo, se desplomaba en el lobby de un hotel y terminaba muerto, dentro de un cajón que debía ser trasladado por agua hasta Villa La Angostura y luego a Neuquén. Describió una escena tensa, con Prefectura y Gendarmería impidiendo la salida del féretro, su familia desesperada reclamando poder velarlo en su ciudad, disparos hacia la embarcación y casquillos cayendo al piso, mientras él intentaba calmar a todos sin que nadie pudiera verlo ni escucharlo. Años después, ya despierto, su esposa le contó que afuera de la clínica se reunían diariamente familiares, amigos y representantes de distintas religiones en cadenas de oración multitudinarias, incluso con la policía interviniendo por las restricciones de la pandemia. Marino dijo que una “voz” le reveló que aquel enfrentamiento y esos disparos que él veía en otra dimensión eran, en realidad, la fuerza de esas oraciones, y que desde entonces está convencido de que cada pedido sincero a Dios es escuchado.
A partir de esa vivencia, el concejal explicó cómo entiende la relación entre fe y política. Recordó que durante mucho tiempo creyó, y le enseñaron, que la iglesia y la política debían mantenerse separadas, pero que al profundizar en la Biblia y en su propia experiencia terminó defendiendo que la iglesia también tiene que ocupar lugares de gobierno. Para él, la política es el arte de gobernar y administrar pensando en el bien común, una tarea que vincula con la figura de Jesús y gestos como la multiplicación de los panes y los peces. Frente a los prejuicios que pesan sobre políticos y pastores, reivindicó la misericordia como herramienta central: ponerse en el lugar del otro, comprender que él mismo fue crítico y “juicioso” antes de su encuentro con la fe, y decidir no responder a los ataques con odio, incluso cuando las críticas se dirigen a su familia. Contó que, tras sentirse un padre ausente y poco presente, la fe le permitió pedir perdón a cada uno de sus hijos y reconstruir vínculos, algo que hoy vive como un diseño de Dios.
La conversación derivó entonces hacia su trabajo legislativo concreto: definió al Concejo Deliberante como “casa de puertas abiertas” y “casa del pueblo”, y detalló que su forma de trabajar parte de escuchar reclamos y necesidades de vecinos para transformarlos en proyectos. Se detuvo especialmente en el caso de los limpiavidrios y en la creación de Casa DAR, un dispositivo municipal orientado a personas en situación de calle y consumos problemáticos. Aclaró que su proyecto original no buscaba “borrar” a los limpiavidrios de la sociedad, sino ofrecer una salida real: desalentar el circuito mediante multas al automovilista que habilitara la actividad, y al mismo tiempo abrir puertas de acceso a acompañamiento, contención y trabajo a través de la casa y una cooperativa que ya logró reinsertar a varias personas. También mencionó iniciativas vinculadas con la seguridad, como el registro de materiales no ferrosos para frenar el robo de cables, placas de cementerio y piezas de bronce y cobre que alimentaban un mercado informal.
En el tramo final, Marino compartió su mirada sobre los desafíos contemporáneos, en particular la inteligencia artificial y su impacto en la educación y la vida cotidiana. Relató una reunión reciente con un especialista y cómo su propio hijo adolescente se muestra familiarizado con estas herramientas, al punto de hablar más que él sobre el tema. Coincidió en que la IA “llegó para quedarse”, pero subrayó que el rol de la política será marcar límites para que la tecnología no termine dañando a las personas, ni desplazando aquello que hace falta que siga siendo humano. Antes de despedirse, aseguró que está dispuesto a seguir donde lo necesite su líder político, el intendente Mariano Gaido, y agradeció el espacio de “Gente de Bien” por permitirle contar su historia con libertad, mezclando testimonio personal, convicciones espirituales y debate sobre la gestión en Neuquén.





