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boca de pozo

Un programa sólo apto para los expertos

La inflación, el salario real y el desempleo obligan a crecer sin plata, la especialidad del Presidente.

Publicado

en

Javier Milei

El autobombo del gobierno marca el ritmo del deterioro de una economía doméstica que no da tregua. La inflación que en agosto había sido 1,7% (el piso de los últimos catorce meses) y que los analistas anticipaban trepando hacia el 2% cerró en 1,9% en octubre. El resultado le permite al Gobierno sostener su relato de desaceleración sostenida. En parte porque se mantuvo por debajo del simbólico umbral del 2% y en otra parte porque el equipo económico encabezado por el Presidente prescinde de los datos de la realidad para construir su narrativa.

La inflación. El acumulado de enero a septiembre llega al 23,6% y la tasa interanual se ubica en 33,4%, todavía lejos de los parámetros internacionales que el propio ministro Luis Caputo reconoció como meta.

Más allá de las buenas vibras con las que se autocelebran en el gabinete nacional, los precios llevan casi dos años subiendo sin pausa, el poder adquisitivo de los salarios no recuperó los niveles previos a la devaluación de diciembre de 2023, y el rubro que más empujó en septiembre fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un 3,1%: la Argentina, sin lugar para los débiles.

Educación subió 3% y las prepagas volvieron a presionar. Lo que frenó el índice general fue la ropa (1,4%) y los restaurantes (1,1%). Así, la desinflación, en buena medida, aparece como el efecto del consumo que se retrae, y no de los precios que se estabilizan.

El empleo que no aparece

Dada la política del gobierno para contener la inflación, es comprensible que los especialistas lean el Índice de Precios al Consumidor con un ojo puesto en los datos de empleo del segundo trimestre de 2026 surgidos de la Encuesta Permanente de Hogares que realiza en INDEC: la tasa de desocupación llegó al 7,9%, equivalente a 1,2 millones de personas. Subió 0,1 puntos respecto del primer trimestre y 0,3 puntos en términos interanuales. En tanto que la tasa de actividad escaló al 48,9%. Más gente busca trabajo, pero encontrarlo es cada vez más difícil, y cuando se consigue, las condiciones empeoran.

La informalidad laboral alcanzó el 45% de los trabajadores, 1,8 puntos más que un año atrás. Dentro de los asalariados, el 37,9% no tiene descuentos jubilatorios, frente al 35,7% del trimestre anterior. El informe del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino de la UBA, publicado días antes, ya había advertido la misma paradoja: la economía creció 5,6% desde noviembre de 2023 y al mismo tiempo destruyó más de 329.000 puestos asalariados registrados. Un proceso de destrucción del empleo que no ocurrió durante el inicio de la guerra en Ucrania ni en la pandemia que signó al gobierno de Alberto Fernández, ni en el Gobierno de Mauricio Macri. Tampoco en los dos períodos de Cristina ni en el de Néstor Kirchner.

Dos relatos, un solo modelo

Mientras tanto, el gobierno narra los indicadores como costos de la transición. Caputo repite que la herencia recibida explica todo y que la convergencia a la normalidad “lleva su tiempo”. Otra lectura, es que los datos del INDEC muestran, en cambio, una economía que crece por arriba (sectores exportadores, minería y finanzas) y se deteriora por abajo: fábricas y comercios que cierren, informalidad laboral, tarifas que suben y el consumo que no repunta. Al tiempo que si se observa la inflación interanual, se puede apreciar que permanece estable pero alta desde hace quince meses.

Con el dólar atrasado, los salarios menguantes y la inflación establecida en un punto demasiado alto, se vuelve difícil estirar la narrativa de la transición. El 1,9% de inflación de septiembre y el 7,9% de desocupación no son anomalías del modelo: son su resultado más claro hasta ahora y tal vez, todo lo que este programa pueda dar.