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Internacionales

Europa necesita moléculas: la dependencia energética más allá del gas

Europa necesita diversificar suministros de petróleo y gas mientras desarrolla hidrógeno, según análisis de política energética internacional.

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Europa necesita moléculas: la dependencia energética más allá del gas

Europa no podrá eliminar su dependencia de moléculas derivadas de combustibles fósiles ni siquiera con una electrificación eficaz, según análisis reciente. La Unión Europea deberá diversificar sus suministros de petróleo y gas mientras avanza en descarbonización y desarrolla una industria del hidrógeno a gran escala.

Ana Palacio señala que Ursula von der Leyen tenía razón en un aspecto fundamental: Europa no puede mantener su condición de «potencia industrial» mientras enfrente precios energéticos «estructuralmente demasiado elevados». La dependencia de combustibles importados representa una limitación crónica para la economía europea, realidad que quedó expuesta cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania.

El análisis plantea un dilema estratégico para el bloque europeo: la transición energética no es un proceso que pueda resolver la vulnerabilidad geopolítica mediante la electrificación exclusiva. Las moléculas seguirán siendo necesarias en sectores donde la electricidad no es sustituto viable, lo que obliga a repensar la política energética más allá de narrativas simplistas sobre abandono total de hidrocarburos.

La diversificación de suministros emerge como imperativo inmediato. Europa no puede permitirse concentrar sus importaciones en proveedores únicos o regiones inestables. Simultáneamente, mantener y modernizar la capacidad de refino local se vuelve crítico para garantizar soberanía energética y evitar que terceros países controlen el acceso a productos derivados.

El desarrollo de una industria del hidrógeno a gran escala se presenta como complemento necesario, no como solución única. Sin embargo, la transición hacia tecnologías de hidrógeno requiere inversiones masivas e infraestructura que aún no existe a escala comercial viable en la mayoría de sectores industriales.

Para América Latina y Argentina en particular, esta reconfiguración europea tiene implicaciones directas. La región podría posicionarse como proveedor alternativo de petróleo y gas si logra estabilidad regulatoria y capacidad de inversión. La demanda europea por diversificación abre ventanas de oportunidad comercial que compiten con proveedores tradicionales del Medio Oriente y Rusia.

El análisis de Palacio rechaza implícitamente la ilusión de una transición energética sin fricciones geopolíticas. La realidad es que Europa seguirá siendo vulnerable mientras dependa de moléculas importadas, independientemente de cuánta energía renovable instale. La pregunta no es si necesita combustibles, sino cómo asegurar su acceso sin quedar rehén de potencias hostiles.

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