boca de pozo
«Le vino todo junto»: la escribana de Adorni se lleva la marca pero deja más interrogantes
Adriana Nechevenko buscó “aclararlo todo” pero sus explicaciones dejaron más dudas que certezas.
Con la intención de despejar sospechas, la escribana de Manuel Adorni, Adriana Nechevenko, dio una entrevista luego de presentarse ante la Justicia, pero lejos de cerrar la controversia sus declaraciones volvieron a poner el foco sobre las operaciones inmobiliarias del jefe de Gabinete y sobre la forma en que se concretaron.
Uno de los tramos más hilarantes de su exposición apareció cuando reconoció que, en los 15 años previos al desembarco de Adorni en el Gobierno, no había realizado con él ninguna operación de este tipo. La frase, dicha casi al pasar y entre risas, dejó planteada una incomodidad: según su propia versión, la secuencia de movimientos inmobiliarios comenzó recién con la llegada de Milei a la Casa Rosada. «Se le dio todo junto», dijo la escribana.
– En los 15 años que usted conoció a Adorni, ¿cuántas operaciones había hecho con inmuebles?
– Ninguna, justo ninguna (risas). Y no, porque se le dio todo junto.JAJAJAJ GRACIAS POR TANTO ADRIANA pic.twitter.com/0PVAYmFm0P
— Marian Herrera (@marianherrrera) April 9, 2026
Una cadena de operaciones con eslabones perdidos
Nechevenko intentó explicar la mecánica de las transacciones cuestionadas, pero su relato reforzó la idea de una arquitectura compleja. Según dijo, un departamento hipotecado en Parque Chacabuco le permitió a Adorni avanzar al mismo tiempo en la compra de dos propiedades de mayor valor.
También detalló que las vendedoras del inmueble de Caballito fueron acercadas por el propio Adorni, que era amigo del hijo de una de ellas, y que en la operación no intervino ninguna inmobiliaria. La operatoria, según relató, consistió en un pago inicial de unos 30 mil dólares y la postergación por un año, sin intereses, de otros 200 mil dólares. Ese dinero, agregó, surgiría eventualmente de la venta del departamento ya hipotecado de la avenida Asamblea.
El punto no es menor. La explicación dejó abierto un interrogante central sobre el origen concreto de los fondos con los que el funcionario debería cancelar el saldo pendiente durante el próximo año. Al momento de la firma, Adorni no ganaba más de 4 millones de pesos por mes.
La relación personal como garantía
Otro de los aspectos más delicados de la entrevista fue la insistencia de la escribana en justificar la operación a partir de una relación de confianza personal. En referencia a Pablo Martín Feijoo, hijo de una de las supuestas prestamistas, sostuvo que existía un vínculo de confianza entre ese entorno y los compradores. Pero esa afirmación chocó con otra declaración ya conocida: la madre de Feijoo había asegurado no conocer a Adorni. Frente a esa contradicción, Nechevenko relativizó el concepto mismo de “conocer”.
Ese tipo de respuestas no ayudó a despejar las sospechas. Por el contrario, profundizó la percepción de que la operatoria se sostuvo más sobre vínculos personales que sobre procedimientos habituales y transparentes. Pero si logró llevarse las marca. Ahora las miradas se posan sobre la escribana: un personaje algo hilarante que conjuga sujeto y predicado sin intercalar cataratas de insultos.
Sin cuotas, sin intereses y sin preguntas sobre el dinero
La escribana también buscó corregir versiones previas al afirmar que la compra del departamento de Caballito no fue en cuotas mensuales, sino mediante una hipoteca por saldo de precio. Explicó que no había un esquema de pagos parciales, sino un plazo de un año para cancelar el monto total. Aun así, la pregunta de fondo siguió intacta: de dónde saldrá el dinero para cubrir esa suma.
Más comprometedor todavía fue lo que dijo sobre los controles en torno al origen de los fondos. Nechevenko reconoció que intervino en las tres operaciones y que en ninguna pidió información sobre la procedencia del dinero. Su argumento fue que conoce a Adorni desde hace 25 años, que confía en él y que no tenía dudas sobre su capacidad de pago. Incluso sostuvo que no estaba obligada a pedir el origen de esos fondos.
Para un funcionario público sometido al escrutinio judicial y político, esa omisión no es un detalle. La escribana no dio fe sobre la legalidad del origen de los fondos.
La escribana admitió que acercó a las partes
Nechevenko no sólo confirmó su participación en todas las operaciones que investiga la Justicia, sino que además dijo haber sido el nexo entre las partes. Según relató, tenía clientes y fue ella quien los vinculó. También aseguró que no cobró comisión por ese rol y lo justificó con una frase que volvió a poner el foco en la confianza personal: “Sé que Adorni va a pagar”.
La declaración vuelve relevante otro aspecto del caso. La escribana no apareció sólo como fedataria de actos entre privados, sino también como una figura con intervención activa en la construcción de la operatoria.
Seguridad, confianza y una relación de años
En su intento por explicar la secuencia de movimientos, la escribana atribuyó parte de la decisión de mudarse a cuestiones de seguridad. Dijo que el departamento de Asamblea estaba en un edificio con demasiados vecinos y que habían tenido problemas porque “los molestaban de más”.
También dejó en claro la cercanía que mantiene con el funcionario. Señaló que siguen hablando, que lo conoce desde hace más de veinte años y que para ella es “Manu”. Esa familiaridad, que en otro contexto podría sonar anecdótica, en este caso refuerza el problema de fondo: la mezcla entre confianza personal, negocios inmobiliarios y ausencia de recaudos sobre el origen de los fondos.
La declaración en Comodoro Py y el celular que no apareció
Sobre su paso por Comodoro Py, Nechevenko explicó que volvió para entregar documentación que le habían pedido en relación con las operaciones investigadas. Pero incluso ahí surgió otro episodio llamativo. Consultada por su teléfono celular, que había sido requerido por las autoridades judiciales, dijo no recordar esa situación porque la testimonial había sido muy larga y aseguró que tampoco lo había aportado ese día porque lo había dejado en el auto.
La escena sumó un elemento más de ruido. Según el relato, minutos después su teléfono comenzó a sonar y, entre risas, aclaró que quien llamaba no era Adorni.
Más preguntas que respuestas
La entrevista de Nechevenko dejó una conclusión política evidente: en lugar de desactivar el tema, volvió a ponerlo en primer plano. Confirmó que las operaciones comenzaron cuando Adorni ya estaba en el Gobierno, describió una cadena de compraventas y deudas sostenida en vínculos personales, admitió no haber pedido documentación sobre el origen del dinero y reconoció que actuó como nexo entre las partes.
En un Gobierno que hizo de la denuncia contra “la casta” una bandera discursiva, el caso vuelve a mostrar una contradicción incómoda. Porque mientras el oficialismo insiste con un relato de transparencia y ruptura con las viejas prácticas, alrededor de uno de sus principales funcionarios se acumulan explicaciones endebles, relaciones informales y preguntas que siguen sin respuesta.
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