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boca de pozo

¿Nadie cuida a Figueroa?

El gobernador no tiene voceros para comunicar las buenas y malas. ¿Fin del gobierno loteado?

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Rolando Figueroa no tiene quien le cuide la espalda. O quizás no se deja cuidar. Así como está, ¿por qué tiene que salir él a poner la cara? A explicar que no fue una derrota, o un triunfo a medias, temas muy finos de la política, donde cada quien hace la lectura que más le conviene.

A este gobierno provincial, que tejió una alianza que debutó en su momento con el Frente Neuquinizate (donde estaba hasta Nadia Márquez, actual senadora electa libertaria), y ahora con la más sofisticada La Neuquinidad, le falta alguien de peso; alguien de fuste que asuma el costo político y comunique. No se trata de amigos, y tampoco académicos. Sino de políticos.

Pero del otro lado está el personalismo de Rolo, ese que dice: “Los votos son míos, los 120 mil son míos», de la última elección del domingo 26 de octubre.

Así están las cosas en estas horas en esta alianza, que aún tiene mucho que mejorar desde lo político, donde pareciera que de a poco se termina el «gobierno loteado», ese de las colectoras que se medían el aceite y competían por los aportes que le hicieron a Figueroa para que gane el 13 de abril de 2023, está llegando a su fin. Ese sistema de cobros políticos por ventanilla, se acabó.

Rolando Figueroa: se acaban las lógicas de las colectoras

Con esa lógica, en esta nueva etapa, más allá del resultado de las elecciones donde La Libertad Avanza se llevó un triunfo en Neuquén, está operando el gobierno. A esta alianza electoral entra y sale quien él quiere.

Antes se repartían cargos de acuerdo al peso, los números y las mediciones. Ahora el que decide es Rolando, porque el triunfo, esta vez, lo construyó el mismo, más allá del «trabajo en equipo».

Se empieza a emancipar de esa alianza, para algunos maltrecha, entre peronistas, que se subieron el precio, y macristas que quedaron huérfanos ante la desaparición de la escena política de Horacio «Pechi» Quiroga.

El poder está concentrado en una sola persona: Rolo Figueroa.

La coalición que lo llevó al gobierno está rota. Los partidos satélites -Nuevo Compromiso Neuquino, Avanzar Neuquén, Arriba Neuquén, el Frente Grande, el PRO- hoy son cascarones vacíos. O mejor dicho, sucursales con poca fuerza donde solo quedan dirigentes que se han reconvertido a La Neuquinidad, como en su momento. Sellos en extinción.

Nadie cuida a Rolo. Ni un jefe de campaña, ni un operador político, ni un vocero que amortigüe los golpes. En la elección se notó. Rompió la veda en una conferencia el domingo al mediodía, cuando todos pensaban que hablaría sobre lo que le pasó a Pablo Cervi (todo raro).

Pero él ya sabía cómo venía la elección. Y se jugó el resto para ver si, quizás, tentaba a la suerte con un voto más.

Vale decir también que si bien Rolando Figueroa tiene razón cuando dijo que «no plebiscitó» su gestión, al ser una elección nacional, el solo hecho de decir esa frase lo ubica en un lugar de innecesario sinceramiento. Porque le puso todo para ganar, sabiendo, incluso, que no ganaba. O al menos que era difícil. Es por eso que no se encienden mucho las lágrimas del entorno, más allá de las expectativas, porque no había mucho en juego. Es decir, la vida sigue y la gestión también.

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También hay que decir, que si la elección no importaba en el estado provincial, hubo aprietes, como en las mejores épocas, esta vez más aggiornadas, como una especie de feudalismo 3.0.

El sistema de control -el voto seguro- sobre los empleados públicos, esa aplicación que usaron para presionar, no es nuevo. Ya se había probado en tiempos de José Brillo. Pero ahora todo estuvo más expuesto. Dicen que en la  administración pública no se recuerda tanto apriete junto.

Y en medio de todo eso, el gobierno se peleó con los que más necesitaba: los que juntan votos. Los punteros, los militantes, la gente de los barrios. Los trató de vagos, de desviados, de «indisciplinados», casi en la categoría de delincuentes. ¿Porqué alguien se doblegaría ante los maltratos mediáticos?

Y ahí está la pregunta, que quizá sirva para un futuro. ¿Cómo se legitima internamente un gobierno que se pelea con los que lo hacen ganar?

Rolando Figueroa se quedó con todo el poder. Pero también, de a ratos, con toda la soledad.

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