boca de pozo
Bullrich tensa un poco más y ya habla del factor emocional de Milei
«El Presidente tiene un componente emocional importante» dijo la Ministra al ser consultada por los gritos de Milei en la reunión de gabinete.
Patricia Bullrich volvió a dejar una frase resonante dentro del oficialismo y alimentó las versiones sobre su creciente distanciamiento político de Javier Milei y del círculo más cerrado de La Libertad Avanza.
“El presidente tiene una emocionalidad importante”, sostuvo este martes la ministra de Seguridad y jefa del bloque libertario en el Senado, al ser consultada sobre un supuesto nuevo episodio de enojo del mandatario en una reunión de gabinete. “Yo no lo definiría como un grito lo que hizo”, agregó Bullrich en declaraciones a la prensa antes de ingresar a JONAGRO, uno de los principales encuentros del sector agropecuario.
Por tratarse de Javier Milei, «una emocionalidad importante» puede leerse como una emocionalidad frágil, de alguien que ante estímulos que son propios de la naturaleza de su actividad, pierde el control y se manifiesta de un modo emocional en un rubro que pide otra cosa.
La frase también pudo haber sido un intento de amortiguar el impacto político del comportamiento presidencial, pero igual volvió a mostrar algo que ya se comenta cada vez más en despachos oficiales, estudios de televisión y reuniones políticas: la relación entre Bullrich y el núcleo duro libertario atraviesa un momento de tensión creciente.
🔥 Bullrich habló de la reunión con Milei y aclaró si hubo gritos en el gabinete
Patricia Bullrich fue consultada sobre la tensa reunión de gabinete y respondió a una de las versiones que más circuló en las últimas horas: si Javier Milei le gritó durante el encuentro.
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— Urgente24.com (@U24noticias) May 12, 2026
El caso Adorni profundizó las diferencias
Las fricciones comenzaron a hacerse más visibles a medida que avanzó la investigación judicial sobre el patrimonio del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Bullrich fue una de las pocas voces del oficialismo que se animó públicamente a plantear que el tema se había vuelto insostenible para el Gobierno. Incluso pidió que Adorni presentara “de inmediato” su declaración jurada para intentar cerrar la crisis política.
La escena cayó especialmente mal en el entorno presidencial porque rompió una lógica interna cada vez más rígida: la de no cuestionar públicamente a funcionarios cercanos al Presidente.
En el despacho de Patricia Bullrich identifican que el escándalo Adorni paralizó áreas enteras del Gobierno, desde la coordinación política hasta la comunicación oficial. Pero casi nadie se anima a expresarlo públicamente.
La ministra empezó a construir perfil propio
En paralelo, la ex candidata presidencial del PRO comenzó a desplegar movimientos políticos propios. En las últimas semanas se mostró recorriendo barrios porteños en modo campaña, reapareció con agenda propia y participó de actividades institucionales donde el resto de La Libertad Avanza eligió ausentarse.
Uno de los gestos que incomodó al mileísmo fue su presencia en la comisión del Senado que debatió sobre libertad de expresión y las restricciones impuestas a periodistas en la Casa Rosada tras el cierre de la sala de prensa.
Bullrich escuchó en primera fila las críticas al Gobierno mientras casi ningún legislador libertario se acercó al encuentro. Ese episodio terminó de consolidar la percepción de que la ministra empezó a construir una posición política más autónoma respecto del esquema de Karina Milei y Santiago Caputo.
“Patricia siempre tuvo juego propio”
Dentro del oficialismo hay dirigentes que consideran que Bullrich ya empezó a leer un escenario político distinto hacia 2027.
La caída en la imagen presidencial, el desgaste económico y la acumulación de conflictos internos alimentan la idea de que parte del electorado de centroderecha podría buscar una alternativa que mantenga algunas banderas económicas del mileísmo, pero con otra forma política.
“Patricia siempre tuvo juego propio”, repiten dirigentes que la conocen desde hace años.
La frase explica por qué dentro de la Casa Rosada incomoda especialmente su independencia. Bullrich es prácticamente la única dirigente del oficialismo que no pide autorización para hablar, opinar o diferenciarse.




